Colón, Matanzas — La ya precaria situación del sistema de salud en Cuba ha sumado un nuevo y alarmante capítulo con el reciente intento de robo de dos botellones de oxígeno medicinal en el Hospital General Mario Muñoz Monroy, en el municipio de Colón. El responsable del hecho fue identificado como Extivy Castro Ramírez, un ciudadano guantanamero con antecedentes penales por robo con fuerza y hurto, que fue sorprendido in fraganti mientras intentaba sustraer los cilindros de este recurso vital. El suceso ha generado una oleada de indignación, no solo entre el personal médico, sino también en la ciudadanía, que observa con creciente desconcierto cómo incluso los espacios destinados a preservar la vida se han convertido en blanco de la delincuencia. En un país donde la escasez alcanza desde los alimentos hasta los insumos hospitalarios más elementales, este tipo de actos no solo agravan la crisis, sino que exponen la fragilidad moral que se ha extendido como una epidemia paralela. El oxígeno medicinal, indispensable para el tratamiento de pacientes con afecciones respiratorias, se ha convertido en un recurso escaso en muchos hospitales cubanos, especialmente tras la pandemia y el colapso progresivo de la infraestructura sanitaria. Que alguien intente apropiarse de ese recurso, destinado a salvar vidas, ilustra con crudeza el deterioro de los valores en una parte de la sociedad cubana, donde la desesperación, la impunidad y la descomposición institucional parecen haberse normalizado. “Esto no es solo un acto de delincuencia, es un reflejo de hasta dónde ha caído el sentido común y la decencia en nuestro país. Ya ni los enfermos pueden tener paz, ni seguridad en un hospital”, comentó a medios locales un trabajador del centro asistencial que pidió no revelar su identidad por temor a represalias. En el imaginario colectivo cubano, el “guajiro” ha sido tradicionalmente símbolo de honradez y esfuerzo. Que un hombre del oriente del país, tierra históricamente reconocida por su laboriosidad, haya optado por el camino del pillaje, suma un matiz especialmente doloroso a esta historia. El refrán popular “tanto absurdo mata” parece encontrar eco en cada nuevo caso de corrupción, robo o negligencia que sacude a la nación. El Ministerio del Interior ha abierto una investigación sobre el hecho, y se espera que el individuo enfrente cargos por intento de sustracción de bienes estatales de alto valor, especialmente sensibles por su carácter estratégico en el sistema de salud. Sin embargo, más allá de las sanciones legales, lo ocurrido ha reavivado un debate urgente sobre el colapso ético de la sociedad cubana y la falta de garantías para la población más vulnerable. En medio de hospitales sin medicamentos, médicos sobrecargados y pacientes que deben llevar hasta una jeringuilla desde casa, el intento de robar oxígeno no puede verse como un hecho aislado. Es, más bien, una señal inequívoca de que en Cuba, la crisis no solo es económica, sino también humana. Y mientras el país se desangra lentamente, ni siquiera los enfermos pueden sentirse a salvo dentro de las paredes de un hospital.