Las autoridades cubanas frustraron recientemente un intento de introducir hachís en el país a través del Aeropuerto Internacional Juan Gualberto Gómez, en Varadero, al detectar la sustancia camuflada en un envase de champú. El hallazgo, efectuado por la Aduana General de la República de Cuba (AGR), se suma a una creciente serie de casos que reflejan la sofisticación de las técnicas empleadas por quienes intentan vulnerar los controles fronterizos. Según informó públicamente el vicejefe primero de la institución, Wiliam Pérez González, el decomiso incluyó hachís en estado sólido y triturado, escondido con precisión dentro de un recipiente de uso cotidiano. Este tipo de modus operandi, que aprovecha la apariencia inocua de productos personales para disfrazar material ilícito, no es nuevo, pero sí cada vez más frecuente, lo que plantea desafíos renovados para las autoridades. La respuesta oficial fue inmediata y acorde con los protocolos establecidos: se procedió a la incautación de la sustancia, se activaron mecanismos de investigación para esclarecer el origen y destino del alijo, y se fortaleció la coordinación con otras agencias nacionales e internacionales con competencias en la lucha contra el narcotráfico. El episodio pone de manifiesto tanto la habilidad de los implicados como la necesidad de que las instituciones de control fronterizo evolucionen al mismo ritmo. En este sentido, la AGR ha invertido en la modernización de sus capacidades operativas, incorporando sistemas de escaneo de alta resolución, análisis químicos in situ y metodologías basadas en perfiles de riesgo que permiten identificar patrones sospechosos incluso en contextos aparentemente rutinarios. Más allá del hecho puntual, el caso subraya la relevancia de continuar desarrollando estrategias preventivas, campañas educativas y procesos de formación continua para el personal, así como de mantener una vigilancia constante en los puntos de entrada al país. Aunque el volumen del decomiso no fue especificado, su detección a tiempo evitó potenciales daños y envió un mensaje claro sobre la disposición del Estado a actuar con firmeza frente al narcotráfico. Este incidente, aunque contenido, reaviva el debate sobre el papel de las aduanas en un contexto regional donde el tránsito de estupefacientes sigue siendo un problema persistente. Si bien Cuba no se encuentra entre las principales rutas del narcotráfico internacional, los intentos aislados de introducir drogas por vía aérea demuestran que su geografía estratégica la mantiene bajo constante observación por parte de los organismos internacionales de seguridad.